Cuba tenía todo para ser el paraíso del Caribe. Algo salió muy mal.

Hay una imagen de Cuba que el mundo lleva décadas construyendo: el son cubano sonando en una terraza, un almendrón rojo cruzando el Malecón, un habano entre los dedos y el Caribe azul de fondo. Esa imagen existe. Pero cada vez cuesta más encontrarla.

Porque detrás de la imagen que se ha construido, Cuba atraviesa hoy una de las peores crisis de su historia reciente.

La caída que nadie esperaba


En 2019, Cuba recibía 4.2 millones de turistas al año y generaba hasta 3,000 millones de dólares en divisas. En 2025, esa cifra cayó a 1.8 millones de visitantes. Su peor registro en 23 años, sin contar la pandemia. No es una caída gradual. Es un desplome.

¿Qué pasó?

El embargo que lleva seis décadas

Todo empieza ahí. Desde 1962, Estados Unidos mantiene un bloqueo económico, comercial y financiero sobre Cuba que prohíbe exportaciones, importaciones, transacciones financieras y limita drásticamente las remesas que los cubanos en el exterior pueden enviar a sus familias. Es el embargo más largo de la historia moderna.

Distintas administraciones lo han endurecido o suavizado según el momento político. Obama abrió la mano. Trump la volvió a cerrar. Biden flexibilizó algunas restricciones. Pero en enero de 2025, Trump firmó una orden ejecutiva que amenaza con sancionar a cualquier país que le venda petróleo a Cuba. Venezuela, que era el principal proveedor de combustible de la isla, dejó de enviar sus barcos. Y sin petróleo, las plantas eléctricas de Cuba simplemente dejaron de funcionar.

La isla que se apaga

Lo que vive un cubano hoy no tiene precedente desde el llamado “Período Especial” de los años noventa, cuando la caída de la Unión Soviética dejó a la isla sin combustible, sin alimentos y sin futuro visible.

Hoy la historia se repite. Seis de las 16 plantas termoeléctricas del país están fuera de servicio, muchas de ellas construidas con tecnología soviética de los años sesenta. El martes 11 de febrero de 2026, más del 64% del territorio nacional quedó sin electricidad durante las horas de mayor demanda. Los apagones duran entre 10 y 16 horas diarias. Sin luz no hay agua, porque las bombas no funcionan. Sin agua no hay higiene. Sin combustible no hay transporte. Universidades y oficinas operan en modalidad remota. Los hospitales dependen de generadores de emergencia que se dañan por el uso excesivo.

En las calles de La Habana, Juan Arteaga, chófer de un almendrón que transporta turistas desde hace años, resume la situación con una frase: “Cuando se me acabe la gasolina, para mi casa. ¿Qué voy a hacer?”


El turismo que se fue

La crisis energética golpeó directamente al único sector que aún generaba divisas: el turismo. Air Canada suspendió todos sus vuelos. Las aerolíneas rusas Rossiya y Nordwind hicieron lo mismo. Iberia y Air Europa informaron a sus pasajeros sobre escalas adicionales porque los aeropuertos cubanos no tienen queroseno para reabastecer los aviones. Canadá, Alemania y Rusia emitieron advertencias de viaje a sus ciudadanos.

Mientras tanto, en un hotel administrado por el conglomerado militar en Holguín, se organizó una cena de lujo frente al mar con iluminación plena y mesas decoradas para turistas extranjeros. Las imágenes circularon en redes sociales mientras barrios enteros permanecían a oscuras.

Lo que queda

Cuba ha perdido 1.5 millones de personas en cinco años. La migración más masiva que el país haya visto. La economía se contrajo un 5% en 2025 y acumula una caída de más del 15% desde 2020. El peso cubano alcanzó 500 unidades por dólar en el mercado informal en febrero de 2026, su mínimo histórico.

Y sin embargo, La Habana sigue siendo La Habana. Su arquitectura colonial, su música, su gente y su historia no desaparecen porque haya apagones. Cuba sigue siendo uno de los destinos más únicos del mundo. Pero hoy, visitarla es también ser testigo de algo que el mundo prefiere no ver.

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